ESPIRAL

En la naturaleza podemos ver la espiral en tantas
manifestaciones de ella: en las conchas marinas, en el caracol del
oído interno, en los
remolinos acuáticos, aéreos o los del cabello, en los
tornados y huracanes, en la forma de las galaxias o del ADN. No es
de extrañar
entonces que encontremos este símbolo con sus diferentes variantes
en diversas culturas del mundo;
como en el yin-yang de los chinos, el caduceo de Hermes en la tradición
hermética que confluye en griegos, egipcios y hebreos,
en el glifo solar de la tribu Dogón al sur de Nigeria, en el
Dios Quetzalcoatl de los aztecas de cuya raíz "quetz" traduce "caracol",
o como símbolo céltico
de la Diosa Triple y símbolo del Dios Odín de la mitología
escandinava.
El símbolo
de la espiral contiene en sí muchos
significados.
Como pueden ver, al dibujar una espiral sea partiendo del centro hacia
la periferia o de la periferia hacia el centro podemos notar dos movimientos,
uno expansivo y otro contractivo. Estos dos movimientos son inseparables
uno del otro como el día
es inseparable a la noche, como las dos caras de una moneda.
Son estos dos movimientos los que van marcando ciclos en la naturaleza
y en el universo constantemente, un ciclo que sucede al otro inevitablemente.
Es así como la línea curva expandiéndose sobre
sí misma denota crecimiento, vida, al contrario de la línea
contrayéndose sobre sí misma denotando decrecimiento
o muerte. Sin embargo la muerte en este caso es entendida como fin
de un ciclo donde la materia gastada, las viejas ideas, conceptos,
paradigmas, esquemas, se destruyen para dar nacimiento a una nueva
materia, un nuevo recorrido donde la sucesiva expansión
se levanta por encima de lo realizado y aprendido en el ciclo anterior,
utilizando cual abono los viejos componentes procesados por el tiempo
y plenos en nutrientes que ayudarán en el siguiente ciclo expansivo.
Es este interminable ciclo simbolizado por los hindúes en su
trinidad: Brahma, Vishnu y Shiva; para los egipcios el constante recorrido
este-oeste del sol o para los celtas las estaciones del año
con sus equinoccios y solsticios. La vida y la muerte, la muerte y
la vida, la reencarnación,
el renacimiento, el continuo rehacer de las cosas en el infinito devenir,
es la transición de un estado a otro sea a nivel material, psíquico
o espiritual, transición simbolizada en la sensación de túnel que da
la espiral al mirarla fijamente.
Pero la espiral tiene más
que decirnos. Su línea
que parte del punto central alejándose de éste simboliza
salir del núcleo
para ir hacia afuera, exteriorizarse, mirar al exterior, es la pérdida
del equilibrio del punto central así como la punta de un trompo
momentos antes de derrumbarse dibuja una espiral. Por el contrario,
la espiral dibujándose hacia su centro simboliza mirar hacia
adentro, volver al núcleo, recobrar el equilibrio.
La espiral también habla de los opuestos:
femenino y masculino, negativo y positivo, pasivo y
activo, recibir y dar, como en el caduceo de Hermes se enrollan de
forma acaracolada y de manera ascesdente las dos serpientes de energías
opuestas negativa-positiva luchando mutuamente hasta culminar en la
punta del báculo, manifestando
la realización
material y espiritual al alcanzar la perfecta comunión y equilibrio.
Igualmente la espiral simboliza a los dobles opuestos como los gemelos
Cástor y Polideuco, uno representando la muerte y el otro la
inmortalidad. Encontramos en esta categoría de
los dobles opuestos, energéticamente
hablando: los masculinos positivos o negativos y a los femeninos positivos
o negativos. Es así como por ejemplo la espiral si la vemos
como un agujero (símbolo netamente femenino) puede ser significado
de muerte, de fin, de vacio, representado en la Diosa Kali de los hindúes
que todo lo devora; como también
puede ser símbolo
de nacimiento, vida, fertilidad, representada en la vagina, la matriz,
el
útero, la Diosa Yemaya para la religión
Yoruba. En este caso los opuestos se conjugan en la Madre Naturaleza,
creando y destruyendo, destruyendo y re-creando:
la Diosa Yara o María
Lionza para los venezolanos.
Al continuar meditando sobre la espiral podemos extraer de ella muchas
más analogías con la naturaleza en todos sus niveles
y ámbitos, de manera que este sencillo pero maravilloso
símbolo es un universo de conocimiento y enseñanza.
Autor: Javier Pedraja